La mejor brújula, es nuestra intuición.

Nunca me he considerado una persona que encaja en la norma, desde pequeña me di cuenta que podía ver y escuchar cosas que otros no podían, tenía sueños premonitorios y muchas preguntas que me hacían cuestionarme qué era lo que me hacía diferente a los demás. 

 Durante mi adolescencia comencé a tener experiencias fuera de mi cuerpo (experiencias que otras personas podían constatar), fue en ese momento de mi vida, que decidí comenzar a estudiar para encontrar respuestas a lo que me sucedía; fue así como me adentré en este mundo de manera formal y consciente. 

 Mis primeros pasos me condujeron al conocimiento de la metafísica, además de mis clases, me convertí en una lectora comprometida; un buen día, mientras sostenía un libro en mis manos, me di cuenta de que podía ver su estela de energía a voluntad propia. Fue en ese preciso momento en el que empecé a poner atención a las personas, empecé a observarlas, descubrí que podía ver no sólo sus auras, sino también la energía que se formaba al rededor de ellos a la par de sus pensamientos. 

 Aún antes de poder tomar registro, empezaron a llegarme ideas, sensaciones y mensajes que entregaba a las personas con las que estaba. Siguiendo mi intuición, empezaron a llegar a mi vida grandes maestros que me enseñaron tarot, péndulos, cuarzos, magia con runas, magia con aceites esenciales, meditación, canalización con ángeles y seres de luz. 

 Mi vida estaba llena de magia, misterios y dicha, pero como en todos los cuentos de hadas, hubo un giro inesperado. El dolor y la pérdida llegaron, mi corazón se rompió y guardé la brújula. Me dediqué a las cosas comunes, mientras que el hueco en mi corazón se hacía cada vez más grande. 

Estuve un par de años mimetizándome en las cosas más mundanas, hasta que afortunadamente un hombre maravilloso y divertido llegó a mi vida y haciendo uso de su propia brújula, nos casamos. Poco a poco me ayudó a recuperar mi magia y con la llegada de nuestra primer hija, mi alma se volvió a encender.

 Me di permiso de experimentar al máximo la experiencia de la maternidad. No tardé en darme cuenta que mi hija se comunicaba conmigo de manera telepática desde sus primeros días de vida, así que su crianza se volvió completamente intuitiva. 

 Al pasar de dos años llegó mi segundo hijo y nació con tantas alergias, tan violentas, que yo estaba convencida de que él no era de este planeta. Llegamos al punto en que el mismo pediatra nos recomendó buscar métodos alternativos para cuidar su salud. Debido a esta situación, fue que empecé a estudiar diversos métodos de sanación con energía. 

 En el año 2010 completé mi master en Reiki Usui y abrí mi primer Centro Holístico al cual me dediqué en cuerpo y alma. Fue un lugar en donde comencé a dar terapias, a compartir mis conocimientos con otras personas, pero las cosas no funcionaron como yo lo había planeado y la sociedad con la que compartía el Centro Holístico, tuvo que terminar, ambas partes debíamos seguir diferentes caminos. 

 Seguí estudiando, seguí aprendiendo, hasta que de pronto, la pérdida se volvió a instalar en mi casa cuando mi hijo perdió a uno de sus mejores amigos . Yo no sabía cómo ayudarlo a sobrellevar la situación, me di cuenta que los duelos de los niños son mucho más cíclicos que los de los adultos, necesitaba aprender más para poder guiarlo, así que me inscribí en un diplomado de Tanatología en la Universidad Iberoamericana. Este estudio ha sido una gran herramienta de complemento para todas las otras técnicas que ya manejaba. 

 Durante el 2017 un fuerte presentimiento me llevó a conocer a Segundo Ruíz, un reconocido astrólogo, con una gran trayectoria, que desde entonces ha sido tanto mi maestro, como mi amigo. De la mano de su apoyo y consejo, decidí lanzarme a las redes sociales. 

Gracias a mi intuición y con la ayuda de mis espíritus guías, perfeccioné mi técnica de sanación, la hice “mía”, se convirtió en parte de mi y de mi esencia. Mi técnica, aunque tiene sus bases en el Reiki, ahora es un método a prueba de fallas e intervenciones externas. 

Actualmente mis hijos son adolescentes y la relación con ellos es fantástica, ambos comparten conmigo la magia, cada uno a su propio estilo. Yo me dedico a dar terapias tanto presenciales como remotas y los resultados que obtengo en conjunto con mis “pacientes” no deja de sorprenderme. Me he vuelto especialista en reconectar a las personas con su propia brújula. 

Mi vida no siempre ha sido sencilla -como la de todos-, he librado intensas batallas en las que más de una vez perdí el rumbo.

También he sido testigo y parte de circunstancias donde el drama me ha envuelto, sin embrago, al mirar hacia atrás, hoy puedo reconocer que cada una de esas situaciones me unió más a mi propósito, reforzando mi conexión con la Fuente Creadora del Todo.